Las últimas definiciones de Trastorno Autista (TA), Síndrome de Asperger (SA), y Trastorno generalizado del desarrollo no especificado (TGD-ne), incluyendo autismo atípico, se publicaron en el DSM-IV-TR de la Asociación Americana de Psiquiatría (APA) en el 2000. Todos estos trastornos se clasifican en trastornos del espectro autista (TEA). El término “autismo de alto funcionamiento” (HFA/AAF) es muy usado y se considera a menudo intercambiable con SA, aunque en el SA no haya retraso significativo en el desarrollo en los primeros 36 meses, y sólo dos de los tres principales dominios de la conducta autista se indican: dificultades en la interacción social y patrones estereotipados y repetitivos de comportamiento. El TGD-ne no cumple con los criterios para el autismo debido a (1) aparición tardía, (2) sintomatología atípica o sub-umbral, o (3) todos estos. En el borrador del DSM-5 publicado por la APA en febrero de 2010, se ha previsto sustituir todo el espectro de trastornos generalizados del desarrollo (TGD) por “Trastorno de Espectro Autista (TEA)”. Los criterios ya establecidos para el DSM-5 se publicarán en el 2013.

Los resultados relativos a la prevalencia de los TEA varían considerablemente en función de los diferentes estudios. En general, las estimaciones de la prevalencia de los TEA están cerca de 6 a 7 en 1,000. En este estudio, los autores estimaron dicha prevalencia en una cohorte de 8 años de edad, de acuerdo el DSM-IV-TR. Los resultados fueron  8,4 en 1.000 para TEA en general y 4,1 en 1.000 para autismo. Entre el 65% y 61%, dependiendo del diagnóstico, eran de alto funcionamiento (CI mayor o igual a 70).

Los criterios diagnósticos según el DSM-5 demostraron ser menos sensibles en lo que se refiere a la identificación de los sujetos con trastornos del espectro autista. Sobre la base de estos resultados, los autores sugieren cinco modificaciones a los criterios propuestos para el DSM-5. En primer lugar, y de gran importancia, se sugiere cambiar artículo 1.a. en “déficit en la comunicación verbal y/o no verbal.” Muchos sujetos diagnosticados perecen usar gestos y expresiones faciales dentro de los límites normales, pero su comunicación verbal puede no ser interactiva. Por ejemplo, no pueden mantener una conversación típica, a pesar de tener un vocabulario normal y el desarrollo del habla fluido. Por otro lado, hay quienes tienen expresiones faciales y gestos limitados, pero la comunicación verbal parece estar dentro de límites normales. Finalmente algunos sujetos actualmente diagnosticados tienen comunicación verbal y no verbal dentro de los límites normales. En segundo lugar, se sugiere que sólo dos en lugar de las tres opciones de “déficit en la comunicación y las interacciones sociales” deben cumplirse. Al parecer, el DSM-5 se acompañará de un texto con información extra y ejemplos relevantes de acuerdo al nivel de funcionamiento. Si los autores hubieran tenido acceso a dicho texto, los resultados de este estudio serían otros.

En tercer lugar, se sugiere la modificación del elemento “rutinas Y rituales” en ” rutinas y/o rituales”, porque es difícil hacer una distinción entre ambos. En cuarto lugar, se sugiere incluir ” comportamiento sensorial anormal y/o idiosincrásico”, que parecía ser común en los sujetos con autismo/SA. También se sugiere el uso de “O” en lugar de “Y”, es decir, “inusual o anormal idiosincrásico”, porque podría ser difícil distinguir entre los dos. Quinto, y de gran importancia, el criterio del DSM-5 que dice que la presentación de los síntomas debe ser en la primera infancia parece excluir a los sujetos de alto funcionamiento. Algunos niños no muestran mayores dificultades hasta los 3 a 7 años de edad, cuando las demandas sociales son mayores. Además, el SA se suele diagnosticar a partir de los 6 años de edad. Además, durante el proceso de diagnóstico, puede ser muy menudo laborioso determinar si el desarrollo anormal estaba presente antes de los 36 meses de edad. Por lo tanto, es una buena opción quitar la edad exacta de 36 meses. Para concluir, los autores sugieren que los síntomas deben estar presentes en la infancia y se ponen de manifiesto cuando las demandas sociales exceden capacidades limitadas.

El DSM-5 introducirá información dimensional y categórica;  por ejemplo, un niño puede ser diagnosticado con TEA, pero además debe ser descripto en términos de su perfil individual, incluyendo la gravedad de los impedimentos sociales y comunicativos, y en términos de rigidez y comportamientos repetitivos, así como nivel de lenguaje, funcionamiento intelectual, y los problemas asociados tales como ansiedad, depresión, problemas motores, etc.

Información obtenida del artículo enviado por la Dra. Alexia Rattazzi -PANAACEA- FB:

Mattila ML, Kielinen M, Linna SL, Jussila K, Ebeling H, Bloigu R, Joseph RM, Moilanen I. 2011. Autism Spectrum Disorders According to DSM-IV-TR and Comparison With DSM-5 Draft Criteria: An Epidemiological Study. Journal of the american academy of child & adolescent psychiatry, 50 (6): 583-592.

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